La noche acaba de empezar. Destellos de una luna que lucha contra la niebla por iluminar un camino.
Un camino vacío, a excepción de una solitaria figura.
No es mas que un hombre, pero es mas que eso en su interior.
Un hombre inmerso en sus pensamientos, en sus recuerdos.
Un hombre atormentado por imágenes de una vida ya pasada.
Ecos de felicidad que resuenan en su corazón recordandole lo que una vez fue.
El corazón que estubo tiempo ha completo y que ahora reposa roto en pedazos. Esquirlas que se clavan por todo su cuerpo rememorando aquellas palabras.
Y a pesar de todo el dolor, sigue caminando lentamente.
Sabedor de que no puede cambiar lo ocurrido, sabedor de que nadie mas que él mismo fue el culpable de todo. Atormentado por no haber sabido responder a tiempo, por no reaccionar.
La niebla densa y espesa le humedece el rostro, y un frío mas gélido que el mismo hielo le cubre dejandolo vacío y herido.
¿Qué es lo que le impulsa a seguir? ¿Por qué continúa su camino? ¿Que es lo que lo ha traído a este sendero vacuo y olvidado?
¿Fué quizás el dolor? El dolor de la pérdida cuando se produjo...
¿O tal vez fué la desesperación? La misma que sintió al saber que esta vez era cierto...
¿Fueron los viejos recuerdos atormentándolo una vez mas sobre los hechos de su pasado?
Fue todo... Y no fue nada a la vez.

Ahora, entre las sombras de este camino mira al cielo, buscando aquellas estrellas que una vez contempló junto a ella. Su rostro se ensombrece al percatarse de que la niebla lo ha cubierto todo con su manto.
Mas una niebla más profunda y densa aún cubre ahora su corazón. Una niebla surgida a partir del dolor y de sus lágrimas.
Al final del camino, suspendida entre los árboles contempla el tenue resplandor que deja la brillante luna llena.
No puede evitar unas sonrisa; Una sonrisa irónica. En sus pensamientos vuelve a imaginar una luna al final del camino, borrosa, leve e inalcanzable.

Mientras sube por la pendiente llena de charcos y piedras nota la humedad de la lluvia. Vuelve a elevar su vista al cielo. La luna ha desaparecido, pero él sabe que se encuentra detrás de todas las nubes que ahora emiten su llanto.
El mismo llanto que él una vez sintió en lo mas profundo de su alma.
Y mientras, absorto en sus pensamientos, continúa subiendo la pendiente y se coloca su capucha.
Al colocarla siente el frío hiriente en sus manos. Los charcos empapan su calzado y las piedras y espinas del sendero se le clavan en su piel. Mas no mira atrás. Ha tomado ya su propia decisión, y sabe que su voluntad podría fallarle si se detiene a descansar.

En su ascenso percibe una figura roja; una hermosa flor. Una rosa perfecta de un rojo tan brillante que atrae hacia sí la débil luz que hay.
Ya contempló una vez una belleza así, no es la primera vez que queda sobrecogido.
Una belleza tal que eclipsa el resto de las cosas reteniendo tod la luz y dejando sin respiración a la mismísima eternidad.
Pero sabe que no debe cogerla ahora. Todo tiene su momento y no quiere despojar de su belleza al entorno.
Al igual que la rosa en su corazón, se mantendrá siempre pura hasta que el fin llegue y su ser desaparezca... pero aun no.

Por fin, tras grandes esfuerzos llega a la cima. El camino termina ya. Al fin contempla el paisaje que esperaba. El mar en su inmensidad se abre ante el. Las olas chocan una y otra vez contra la pared de piedra en la que se haya. Todo está oscuro y las imágenes se perfilan por la tormenta que se desata con fuerza.
Los rayos caen y unen su estruendo al sonido ronco del batir de las olas.

Sobrecogido ante todo, no puede reprimir una lágrima, que lentamente se une a la lluvia que empapa su rostro.
De pronto una tormenta estalla en su interior, todos los recuerdos regresan de nuevo a su mente. Ya no es una lágrima la que corre por sus mejillas sino un torrente de ellas. Desesperanzado y embargado por la tristeza se deja caer de rodillas.

Por primera vez mira hacia atrás solo para ver a la causa de su dolor. Sus cabellos empapados por la lluvia se rizan formando doradas espirales. Sus labios entreabiertos que una vez fueron suyos suspiran anhelantes.
Y sus ojos... Esos ojos en los que se perdía y despertaba tantas veces. Esos ojos en los que se veía reflejado cada día.
Esos ojos con su brillo especial cada vez que sus miradas se cruzaban se clavan ahora en él dejándolo indefenso y desnudo.

Asombrado frota sus ojos, incapaz de creer lo que sucede ante sus ojos.
Mientras ella se le acerca contiene su respiración maravillado una vez mas por su eterna y dulce belleza.
Siente el suave roce de su mano sobre su mejilla. Al volver a sentir esa sensación llora aún con mas fuerza.
Ella, con dulzura, lo observa con su mirada llena de amor y alzando con su mano la cabeza de el, acerca sus labios a los de el, fundiendose en un beso eterno.

Paralizado, él siente comos sus labios se unen en un tenue pero hermoso beso, y contempla como ella se separa y echa a andar sendero abajo.
La ve partir, incapaz de hacer nada por detenerla. Ya casi no distingue su figura cuando la ve darse la vuelta y escucha su hermosa voz decir:

- Me has estado esperando todo este tiempo. Pero el amor no es solo esperar... A veces la espera quiebra en pedazos aquello por lo que aguardas.